Con la Fujifilm X-T50 se ofrece al fin una alternativa de cuerpo lo más compacto posible, con diales clásicos y con el sensor y el procesador de la quinta generación de la Serie X. Demasiadas veces nos olvidamos que las cámaras mirrorless deben su razón de ser a las posibilidades de miniaturización que permite la eliminación de un espejo de las réflex. Y este relevo de la Fujifilm X-T30 es un recordatorio de que, si hay voluntad, es posible integrar las características más deseables en una cámara para un amplio espectro de uso. Incluido un estabilizador del sensor que, esta vez sí, se incorpora por primera vez en un cuerpo de esta línea de cámaras. Ya no hay vuelta atrás…
Toma de contacto con la Fujifilm X-T50, una cámara portable, clásica y estabilizada
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